Por Marcelo Trivelli,
Chile no está siendo gobernado desde la razón. Está siendo gestionado desde el miedo. Se instala una lógica peligrosa: reducir problemas complejos a un enemigo identificable y actuar contra él como si eso fuera una solución. Y el miedo sirve. Sirve para ser elegido. Sirve para ordenar, para disciplinar, para justificar. Sirve, sobre todo, para que la ciudadanía tolere lo que en condiciones normales no aceptaría. Porque el miedo no solo altera emociones. Altera estándares. Bajo miedo, se aceptan medidas económicas severas que golpean directamente a las personas, sin mayor explicación ni gradualidad. Se traspasan costos completos a la ciudadanía y se espera comprensión. Porque “no hay alternativa”. Porque “la situación lo exige”. Bajo miedo, también se instala una narrativa de seguridad que busca ser valorada más por la percepción que por los resultados. No importa tanto si el problema estructural se resuelve, sino si se logra transmitir control. Pero el miedo tiene un límite.



