Nuestra mayor adicción no es a la comida ni a las drogas, sino al pasado

Nuestra mayor adicción no es a la comida ni a las drogas, sino al pasado

Nuestra mayor adicción no es a la comida ni a las drogas, sino al pasado

Por David Andersson.

ada día, las noticias son más difíciles, pero también más interesantes. Todo se derrumba: el medio ambiente estalla con incendios e inundaciones, el virus COVID con sus variantes asola el planeta, Afganistán nos muestra, una vez más, lo absurdo de la guerra, y la ineptitud y miopía de los gobernantes se hace cada vez más patente. El actual sistema de creencias no puede aportar soluciones en el momento actual. Estamos ante un nuevo momento, de una dimensión totalmente nueva. Nos faltan los gobernantes adecuados para abordar estos fenómenos, ya que todo se está mirando con gafas viejas. Estamos anclados en el pasado, sin visión de futuro. Los ejemplos de esto abundan. Cuando se produjo una vacuna para el COVID-19 en menos de un año, algunas personas sospecharon, diciendo «antes se tardaba 10 años en conseguir una». No podían reconocer cómo se puede progresar.

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